Cosificados y heteronormados

Influencers, artistas y hasta periodistas del género masculino dependen de una vieja regla para pertenecer: el estereotipo del macho.

Para el mundo mediático de las mujeres es requisito ser extremadamente flaca y, según el rubro, adicta a las cirugías, las siliconas, el bótox, el ácido hialurónico y cuanta sustancia se invente para parecer un globo aerostático desinflado porque en el medio habrá que consumir cada pastilla y dieta que les ofrezcan para acercarse a los patrones de belleza que las vigentes mesas ochentosas del estilo de Sofovich siguen pidiendo. Para los hombres, en cambio, el camino es otro y se bifurca en dos: los fierros o la panza, ambos tienen su casillero vacío para tildar en el carnet de “macho alfa de los medios”.

Las mesas de los ochenta con machirulos para todos los gustos y las mujeres objeto, pero en esta década.

Fierros, aceite y aditivos: La fórmula secreta para ser el heterosexual del momento. Parece que son los requisitos para pertenecer al jet set de la tv, las redes sociales verificadas y el acceso a canjes y contratos que puedan llenar las billeteras que en el futuro mataran a los galanes que fueron. 
A diferencia del perfil de mujer argentina hiper delgada o adicta a las cirugías que requiere la construcción de farándula, para los hombres parece una condición sostener viejas referencias del macho cabrío.

Los pobres galanes de siempre que parecen no tener otra oportunidad que hacer de lindos en novelas del prime time hasta su muerte necesitan hacer fierros para no perder el cuerpo tonificado cada vez más macizo y más enorme que parece equilibrarse con la pérdida de inocencia y juventud que sus inocentes rostros ya no pueden conservar cuando pasan los cuarenta. Para peor cuentan con un escenario constante que les permite contarnos a diario que están vivos, jóvenes, fuertes y más galanes que nunca. Y nos llenan de sus ejercicios y comidas sanas en todas las redes sociales habidas y por haber.

Mariano Martinez, sin demasiados espacios para mostrar sus dotes actorales, nos muestra sus extremas rutinas de ejercicios para mantener la juventud eterna en cuanta red social puede.

Nadie queda afuera de las reglas, ni siquiera los periodistas “serios” ahogados en sus camisas de oficina que usan en un talle menos para apretar los “tubos” o “panza” según lo que quieran o tengan para exhibir. Y una opción más “friendly” una vez al mes o a la semana, con camisas de flores o hawaianas que parecen necesarias para que todos alrededor hablen de cuan jugado puede ser su compañero o chicanear con respecto a la sexualidad.  

Ni la credibilidad y basta experiencia de Claudio Rígoli lo salvaron de la exposición… y no lo juzgamos, pero a Romina Malaspina y Sol Pérez las seguimos apedreando por mostrar ¿lo mismo?

Para otros no hay espacio ni gimnasio que valga. Ni los abdominales marcados en la piel les permiten esquivar las constantes burlas o conseguir la aceptación del consumidor. ¿Pero qué podemos pedirle al público si no tienen otra imagen que la de galanes sin gracia de todos los tiempos? Sin ir más lejos, hace unos años, la marca de desodorantes machirula por excelencia «AXE» creó una repudiable campaña que dejó atrás la publicidad de mujeres persiguiendo a hombres con aroma a chocolate para decirnos que gracias a sus antitranspirantes podés salir con la más linda aunque seas considerado el más feo.

Rodrigo Noya, reconocido niño prodigio y considerado excelente en su trabajo sigue siendo objeto de burla constante para televidentes y consumidores de redes. Aunque mucho parece no afectarle, porque fue uno de los que aceptó ser parte de la acción para instagram de AXE.

Los medios masivos de comunicación, que son quienes contratan y exponen la imagen de cada personaje, marcan una estética bien definida para los hombres y muy alejada de la que piden para las mujeres. Como sociedad aceptamos que un hombre tenga canas y automáticamente se lo compara con Richard Gere o Pierce Brosnan. ¿Mujeres con canas vemos? ¿Cuándo una conductora o un actriz lucirá su cabellera gris, blanca o plata sin ser una representación de abuela? ¿Cómo es posible que un par de pelos canosos en la cabeza de un señor mayor sean dignos de un galán maduro y que una melena cuidada y sin tintura pueda ser considera sinónimo de vejez, dejadez o retiro? La gerontofobia también resultó ser una cuestión de género.

A los hombres todo se les permite mientras sigan pareciendo convencionalmente masculinos. Menos contar historias de amor, si no sos bello  y esbelto, como los canones lo requieren. Para todo los demás si engordan, si pierden el pelo, si usan los mismos trajes acartonados de siempre, todo es válido. Mientras eviten el rosa, los colores vibrantes y cualquier detalle de aseo personal que demuestre su masculinidad frágil. Hay claros ejemplos de personalidades masculinas en tv que son criticadas por el cuidado de su imagen. Sus posiciones políticas en lugar de ser combatidas con argumentos a la altura terminan siendo ridiculizadas con las, tan fuera de contexto social, críticas sobre su orientación e intimidad sexual. Ser homosexual en televisión sigue siendo un insulto. ¿Cuántos referentes homosexuales no serviles a la media heteronormada existen en la caja boba?

Alejandro Fantino y Santiago Del Moro, son dos blancos listos para el disparo por su aspecto delicado, cuidado y aggiornado.

Parece que las masculinidades públicas siguen sosteniendo viejos estereotipos que se alejan de cualquier tipo de disidencia, física, estética y hasta de orientación sexual. Los medios nos gritan con claras imagenes que para ser parte y sin ser objeto de ataques y críticas, conformar al retrógrado espectador que sigue alimentándose de decadentes exponentes, cobrar un sueldo, aceptar canjes y sostener un personaje intachable pero masculino, heterosexual y «un caballero», es necesario hacer todo por demostrar que siguen siendo los mismos hombres de hace cuarenta años y, como mucho, bordear el concepto que inventaron para alejarse de cualquier diversidad: la metrosexualidad.

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