El auge “plus size” a través del tiempo.

En los últimos años, el mundo de la moda y las grandes marcas se vieron cada vez más obligados a reconocer a un sector de sus consumidoras que despreciaron por un largo tiempo: aquellas rotuladas como “talle grande”.  La re-evaluación del concepto de los estándares de belleza convencionales fue, es y sin dudas será muy demandada por la industria y sobre todo por los consumidores. Después de varios años de que el movimiento explotara y se genere la idea y difusión de este cambio, las manifestaciones siguen en las redes y en la sociedad. 

La lucha por mostrar cuerpos reales es de hace mucho tiempo, pero la necesidad cada vez más imperiosa por su introducción a las campañas de difusión de determinados productos (con los avances en los medios de comunicación y tecnológicos de por medio) marcó un antes y un después para la moda y en como los consumidores la perciben y se sienten identificados con ella. 

Nacimiento de una necesidad y un concepto. 

El llamado «talle grande» o «plus size» fue una creación de la industria textil estadounidense. Empezó a expandirse en los años 20, una década en que la moda rompió con el ideal físico de las mujeres de épocas anteriores. Si antes se destacaban las siluetas más curvilíneas -por el corsé que afinaba la cintura y realzaba las caderas y el busto-, en esta década se empezó a mirar de otra forma la figura de mujeres de figuras más delgadas, que ocultaban la cintura y el busto, como si fueran eternas adolescentes. Lo curvilíneo dejó de importar. 
 
Fuera de juego quedó la actriz Lillian Russell, una de las más grandes estrellas de finales de 1800 y principios de 1900, quien llegó a pesar 90 kilos. También, Elsie Scheel, una estudiante de 24 años, que según The New York Times, en 1912 era la «mujer perfecta» descripta como «una chica de ojos azules, de pelo claro cuya presencia nos habla de una buena salud».  

Su contextura estaba lejos del “nuevo ideal”: pesaba 77 kilos y sus medidas eran 89-76-101, muy alejado del 90-60-90 popularizado en las últimas décadas. Esta mujer perfecta de 1912, solo diez años después, encajaría en la categoría de «fornida» o “robusta”. Una palabra que comenzó a utilizarse en la industria del vestuario de los años 20, según escribieron las investigadoras de la Universidad de Iowa Carmen N. Keist y Sara B. Marcketti en un artículo publicado en «Clothing and Textiles Research Journal» en 2013. En este texto explican que «fornida» se empleaba para las mujeres con «un aspecto de matrona, con curvas, busto, espalda y cadera generosas, que no encajaban con la figura de moda». 

La actriz y cantante Lillian Russell.

Después de muchos avances como introducción de tiendas con estos talles y su difusión a otras empresas, y la introducción de la diversidad de cuerpos en algunas marcas y comerciales, el concepto terminó consolidándose por la agencia de modelos «Plus Management Ltd.», fundada en 1978 en Nueva York por Pat Swift -una modelo que repentinamente subió de peso- y que sólo
reclutaba a mujeres con siluetas que estaban fuera del gusto de las revistas y los diseñadores.
 

Actualidad y compromiso con el positivismo corporal. 

A partir de los 2000 las críticas se hicieron más fuerte ante los talles cada vez más chicos de las colecciones de moda. Así, algunos creadores optaron por desarrollar moda para mujeres de figuras más reales o abiertamente de tallas más grandes. Se dejó de hablar de «plus size» y reemplazó este concepto por «curvilínea» (curvy), menos agresivo y además tiene una connotación más asociada a la sensualidad y al glamour. 

La modelo y diseñadora Ashley Graham en un desfile en Nueva York. (2016)

Si bien es un proceso que sigue avanzando y ganando terreno en la moda, dentro de muchas marcas es manejado de maneras muy cuestionables (por ejemplo, Victoria’s  Secret generó mucho revuelo porque  catalogó a su modelo Barbara Palvin como “plus size” al ficharla el año pasado) puesto que quizás no se adapta ni muestra de una forma real el tipo de cuerpo al que se quiere incluir en sus campañas y con el que se quiere involucrar. 

Informe del programa de Pamela por la categoría de Barbara en Victoria’s Secret

A pesar de esto, no hay duda de que cada vez son más las marcas que apuestan por la diversidad y el fomento del amor al propio cuerpo y a priorizar una vestimenta para todos ya que es un medio, y no un fin: todos nos vestimos y todos merecemos ser reconocidos y tenidos en cuenta por las marcas y la industria textil.

A pesar de esto, no hay duda de que cada vez son más las marcas que apuestan por la diversidad y el fomento del amor al propio cuerpo y a priorizar una vestimenta para todos ya que es un medio, y no un fin: todos nos vestimos y todos merecemos ser reconocidos y tenidos en cuenta por las marcas y la industria textil.

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